lunes, 6 de julio de 2015

EL METODO CIENTIFICO

Como en el capítulo anterior, al hablar de conocimiento vulgar, y conocimiento científico, también aquí podemos precisar que el término método se suele entender de dos maneras: Método ordinario o artesanal, que se explica en la sección anterior, y el método científico.


Bibliografía: Bierman Enrique, metodología de la investigación y del trabajo científico, Unidad Universitaria del Sur de Bogotá, Unisur, Bogotá 1990.  Varias páginas. Documento tomado con fines académicos.

sábado, 30 de mayo de 2015

EL METODO VULGAR

La palabra método, en su acepción común y ordinaria se refiere al camino escogido para alcanzar un fin propuesto de antemano, siguiendo un orden y un plan manifestado en un conjunto de reglas. Esto quiere decir, proceder con método. 

Otra manera de explicar que se entiende por método es esta: conjunto de procedimientos destinados a asegurar un cierto resultado. Por ejemplo: Método para aprender guitarra, taquigrafía, alemán, etc.


Bibliografía: Bierman Enrique, metodología de la investigación y del trabajo científico, Unidad Universitaria del Sur de Bogotá, Unisur, Bogotá 1990.  Varias páginas. Documento tomado con fines académicos.

viernes, 29 de mayo de 2015

BUSQUEDA DE LA VERDAD Y CURIOSIDAD INSACIABLE

Una persona puede haber adquirido una buena formación teórica y técnica de investigación social y, sin embargo, ciertas actitudes vitales y ciertas características de su personalidad pueden constituir un obstáculo para la investigación.  De ahí la necesidad de asumir una actitud científica, no como forma de ser para cuando se hace ciencia, sino como actitud vital en todas las circunstancias y momentos de la vida. Esto es lo que llamamos la actitud científica como estilo de vida.

¿Qué es y en que consiste esta actitud científica? En términos generales, puede definirse como la predisposición a detenerse frente a las cosas para tratar de desentrañarlas. El trabajo científico, en lo sustancial, consiste en formular problemas y tratar de resolverlos. Es lo que algunos llamaron reflejo del investigador y que Pavlov denomino reflejo. ¿Qué es esto? Este interrogar e interrogar orienta y sensibiliza nuestra capacidad de detectar, de admirarse, de preguntar ¡Oh, la nefanda inercia mental, la inadmirabilidad de los ignorantes! Exclamaban Ramón y Cajal frente a aquellos que eran incapaces de detenerse juntos a las cosas, de admirarse y de interrogarlas.

Ahora bien, esta capacidad de admiración e interpelación ante la realidad exige dos atributos esenciales: búsqueda de la verdad y curiosidad insaciable.

Consagrarse a la búsqueda de la verdad es el punto de arranque desde el cual es posible asumir una actitud científica, o sea, preguntarse y realizar el esfuerzo de resolver, con el máximo rigor, las cuestiones planteadas como problemas.  

Quien no busca la verdad es porque se cree en posición de ella, consecuentemente nada tiene que encontrar, nada tiene que aprender. Los propietarios de la verdad absoluta son unos necios  en su seguridad, pues tienen la desgracia de ignorar la duda. Desde esa instalación es imposible el menor atisbo de actitud científica que, es sobre todo, actitud de búsqueda. El científico – Lo decía Claude Bernard en 1865 – es el que pasa de las verdades más generales, pero sin pretender jamás que se halla en posesión de la verdad absoluta. El buscador de verdad solo se instala en la dinámica de la provisoriedad, lo que quiere decir que es buscador desinstalado ya que sus conclusiones científicas son relativas y nunca definitivas.

La curiosidad insaciable, en cuanto a interrogación permanente de la realidad, es el reverso de lo anterior. Ningún científico autentico, ningún investigador consciente de su labor puede decir que su búsqueda ha terminado, el científico es insaciable en su curiosidad, sabe que ante si tiene un océano inexplorado. No hay límites para esa curiosidad, porque la verdad científica es dinámica y las verdades que se adquieren son parciales, siempre sujetas a corrección.

De ahí, que la actitud de búsqueda y de curiosidad insaciable lleva a una permanente “tensión interrogativa”, abierta a la duda y el reexamen de lo descubierto e interpelada por lo que se conoce. El pensamiento científico, decía Bachelard, es un libro activo, un libro a la vez audaz y prudente, un libro del que quisiéramos dar ya una nueva edición mejorada, refundida, reorganizada. Se trata realmente del ser de un pensamiento en vías de crecimiento. Por eso, la actitud científica es la actitud del hombre que vive en un indagar afanoso, interpelado por una realidad a la cual admira e interroga. Si un científico dijese: “Hemos llegado a un término; ya sabemos todo lo que puede saber sobre este punto”, en ese momento dejaría de ser científico. El investigador es siempre un problematizador.


Bibliografía: Bierman Enrique, metodología de la investigación y del trabajo científico, Unidad Universitaria del Sur de Bogotá, Unisur, Bogotá 1990.  Varias páginas. Documento tomado con fines académicos.

jueves, 28 de mayo de 2015

NECESIDAD DE FORTALECER LA COMUNIDAD CIENTIFICA

Hay 2 temas preocupantes que quiero esbozar para finalizar estas reflexiones: el uno, el escaso peso político que tiene, como grupo de presión, nuestra comunidad científica. Yo mismo declare en mi discurso de la ciencia en Bucaramanga hace diez años, que una institución como esta no podía seguir dependiendo del cordón umbilical del estado, sino que debería buscar su independencia económica y social y constituirse en grupo de presión para que le criticara al mismo gobierno si lo estaba haciendo bien o mal en las actividades de investigación, de ciencia y tecnología.


Bibliografía: Bierman Enrique, metodología de la investigación y del trabajo científico, Unidad Universitaria del Sur de Bogotá, Unisur, Bogotá 1990.  Varias páginas. Documento tomado con fines académicos.

miércoles, 27 de mayo de 2015

PAPEL DEL RECURSO HUMANO

Como dice Edmundo Flórez en su introducción al libro del CONCYT  sobre los años ochenta, existe un proverbio chino según el cual: “Es mal negocio hacer predicciones sobre el futuro, especialmente si aquellas van dirigidas a quienes van a sobrevivirnos”. Por esta razón no me atrevo a hablar del futuro de la ciencia en Colombia.


Valga tan solo una alusión mínima a una circunstancia favorable para los próximos años: en este mismo recinto discutimos hace un par de años el plan nacional de desarrollo científico y tecnológico, que incluía la posibilidad de una financiación internacional. Esta última inquietud no surgió de la nada, sino de una serie de reuniones promovidas por el doctor Germán Botero de los Ríos y el capitán Ospina en el despacho del primero, cuando era gerente del Banco de La Republica. Se trataba de aprovechar las experiencias del BID con el Brasil  y conseguir un préstamo para ciencia y tecnología que estuviese destinado, por una parte, a fomentar la investigación científica y tecnológica y, por otra, apoyar la pequeña y mediana industria en su desarrollo tecnológico, Al cabo de los años lo hemos logrado, pero no se le puede mirar como panacea a la solución definitiva a nuestros problemas. Es cierto que va a constituir un aporte importante para nuestro desarrollo, pero tenemos que confiar   en que ese desarrollo se hace sobre todo a base de hombres, de recurso humano bien formado. Siempre recuerdo la frase de Humphys cuando clausuró mis cursos académicos en la Universidad Colombia. Dijo el decano: “En esta universidad siempre hemos obrado convencidos de que las instituciones se hacen a base de hombres y no simplemente a base de ladrillos y mezcla” y esto lo decía cuando justamente se inauguraban a un costo millonario las obras de modernización del Columbia Presbyterian Medical Center en New York.

Bibliografía: Bierman Enrique, metodología de la investigación y del trabajo científico, Unidad Universitaria del Sur de Bogotá, Unisur, Bogotá 1990.  Varias páginas. Documento tomado con fines académicos. 

martes, 26 de mayo de 2015

NECESIDAD DE CRITERIOS CLAROS PARA UNA DEFINICIÓN DE CIENCIA E INVESTIGACIÓN.

Quedaría un problema por definir, y es exactamente el saber que es ciencia y que es investigación. El genio mexicano Rosenblueth (compañero de Wiener en la creación de la cibernética) le dedica todo un capítulo de su libro “El método científico”, en el cual comienza diciendo que probamente la mejor respuesta obtenible es la de que la ciencia es el tema del cual tratan los libros y revistas científicas y que el método científico es el que siguen los hombres de ciencia en sus laboratorios o gabinetes cuando se dedican a la investigación científica. Obviamente esto es tautología y así lo debió comprender el maestro Rosenblueth cuando se declara insatisfecho con esta descripción.

Por eso prosigue en la búsqueda de una definición. Halla la de Julián Huxley: La ciencia es sentido común y la encuentra trivial, por lo difícil que es definir que es sentido común y porque este, además, hace generalizaciones que no se ocupan de comprobar. Cita la de otro ingles, Woodeger, en sus principios biológicos que dice: una ciencia es un conjunto sistematizado de proposiciones que se refiere a un tema determinado. Y agrega Rosenblueth, humorísticamente: de acuerdo con esta definición, una colección de chistes sobre los pericos, en que aparecieran estos por orden alfabético, sería un tratado científico. Finalmente, la que más le gusta y con la que queda es con una de su propio peculio: la ciencia empieza y acaba siempre con la naturaleza, en una realidad externa que se postula. La observación científica se reduce, en última a una serie de mediciones. Pero las medidas por si solas no constituyen una aportación científica.

Aunque ya tenemos una Sociedad Colombiana de Epistemología que se reúne muy puntualmente y que se ha ocupado de estas inquietudes, las he traído precisamente para demostrar que la definición del problema no es sencilla.


¿Qué es investigación científica? ¿En cuantas ocasiones nos someten proyectos que solo consisten en contar cosas, desde glóbulos rojos hasta accidentes de tránsito, y tratan de pasar como proyectos de investigación sin siquiera preocuparse por establecer una hipótesis de trabajo y unas posibles conclusiones? ¿Podemos aceptar en el futuro que estos contadores de cosas sean calificados como investigadores y se les otorgue la investidura de tales? a mi parecer, este simposio deberá dedicarse de lleno a tratar de establecer  los requisitos mínimos que una persona debe llenar para ser clasificada como investigador científico. Entre ellos se podría contar las características de su formación de pregrado, la categoría y el número de trabajos publicados (Cuantos se publican en “journals” internacionales por año),  la categoría y la pertinencia de su investigación básica o aplicada, su rol dentro de la comunidad científica, etc.

Bibliografía: Bierman Enrique, metodología de la investigación y del trabajo científico, Unidad Universitaria del Sur de Bogotá, Unisur, Bogotá 1990.  Varias páginas. Documento tomado con fines académicos.

LA EXCELENCIA CIENTIFICA EN NUESTRO MEDIO

Esa investigación no pura ha servido para mantener la llama de la ciencia en el espíritu de ciertos hombres privilegiados, cuya idiosincrasia, estado y preservación estudiaremos en este seminario.

Yo pregunto a todos cuantos están aquí (y que hayan leído libros tan importantes como los del Doctor Jaramillo Uribe, la historia de la ciencia en Colombia, de COLCIENCIAS, o las historias de la medicina de Soriano Lleras, o de la Psiquiatría en Colombia de Humberto Roselli), ¿Cuántos trabajos colombianos sobresalientes han merecido un lugar destacado en la historia científica internacional?  Yo diría que se pueden contar con los dedos de la mano. Si comenzamos por la hipsometría de Caldas, que ocupo un buen lugar en la ciencia primitiva de su tiempo, especialmente porque fijo las bases adecuadas de las ecuaciones que servían para medir las alturas de acuerdo con el punto de ebullición de agua, ella fue en 20 o 30 años, sobrepasada ampliamente cuando los creadores de instrumentos de Berlín o Paris perfeccionaron los barómetros y los altímetros anaerógrafos. Seguirán algunos tratamientos de orbitas planetarias y de cometas en las ecuaciones maravillosas de Garavito (anticipado a su Colombia y su tiempo), en cuyo honor  se ha denominado un cráter de la faz oculta de la luna. Vendría después el ya citado descubrimiento de la etiología viral de fiebre amarilla selvática por Franco y Esguerra y la identificación del mosquito transmisor. Es preciso destacar igualmente la figura y la obra del doctor Emilio Robledo con su estudio sobre la Uncinariasis en Colombia, su trabajo más meritorio desde el punto de vista científico, en el cual demuestra que la verdadera causa de la anemia tropical no es el anquilostoma duodenal, sino la uncinaria  americana. Sus meritos como botánico fueron reconocidos por el profesor José Cuatrecasas del Instituto Smithsoniano de Washington cuando clasifico una especie nueva de la familia de las Euforbiáceas con el nombre de Tretorchidium Robledoanum. Habría que mencionar también la pasta colombiana, diseñada por el doctor Alfonzo Esquerra Gómez trabajando en los laboratorios de Baclés y Regaud en los Institutos de Radium de París, pasta que causo gran conmoción en su tiempo, pues su descubridor no quiso patentarla para sí y prefirió ponerla al servicio  de la humanidad. Pero solo perduro 25 ó 30 años hasta cuando se inventaron materiales plásticos que podían sostener con mayor ventaja las agujas de Radium sobre los carcinomas de la piel. De 1924 se dan un gran salto al año de 1964, cuando aparecen los conceptos de la válvula y el síndrome de Salomón Hakin sobre la hidrocefalia de presión normal y sus métodos correctivos que lo colocan con valor indiscutible en la literatura médica mundial.

Se me podrá decir que tengo una deformación profesional hacia la medicina, pero. ¿En qué otras ciencias nos hemos destacado mundialmente? El maíz opaco de Medellín y Cali fue apenas una aplicación, en nuestro país, de técnicas desarrolladas en diversos países por técnicos de la Fundación Rockefeller que, aunque se creyó solucionaría las diferencias de aminoácido esenciales en los herederos de Gutiérrez González, no respondió a los criterios de aceptabilidad que de esa variedad de maíz se esperaban; los paisas resolvieron no comer arepas opacas, porque les parecían sucias y desabridas.


Un criterio que debería tener para juzgar la calidad de la investigación científica seria su consagración en la literatura internacional. No importa que sea francesa, inglesa o alemana, que se imprima en caracteres cirílicos o hebreos o en los indescifrables del alfabeto chino o japonés. El hecho es que pase los criterios de aceptación del New England Journal of Medicine, o del British Journal of Physics, o del Abstracts Fur Chemie o de la Akadimia Nauuk. Esa es la barrera importante de traspasar, no importa cuántos sean los sacrificios y costos del investigador. De otro modo, nos quedaremos con una ciencia rural, provinciana, no conocida mas allá de nuestros ámbitos mediocres que nos llenara solo de la satisfacción estéril de ver temporalmente nuestros nombres escritos en caracteres tipográficos. Se cumpliría entonces el dictum fatal, escrito por Rufino Blanco Lombona en vísperas de la primera guerra mundial y atribuida erróneamente por algunos a Ortega y Gasset de que “La ciencia moderna no habla español”

Bibliografía: Bierman Enrique, metodología de la investigación y del trabajo científico, Unidad Universitaria del Sur de Bogotá, Unisur, Bogotá 1990.  Varias páginas. Documento tomado con fines académicos.